Pedro Lopezoffline

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Pedro
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Lopez
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En la cultura Manganiyar en Rajastán (India), el virtuosismo en la música se muestra en la confianza con la que una persona puede sostener con su acompañamiento, las ideas que sus amigos cantan y tocan. In the Manganiyar culture in Rajasthan (India), virtuosity in music is shown in the confidence with which a person can sustain, with his accompaniment, the ideas that his friends sing and play. Estimado amigo: Permíteme que te llame así porque, si has llegado hasta aquí, es muy probable que te interese una de estas dos cosas: la música o la amistad (el amor). Si cualquiera de ellas es de tu interés ya somos amigos. Si te interesa la experiencia de crear música además, somos ya más que meros amigos. Mi vida se ha construido, desde que yo recuerde, siguiendo un principio muy sencillo que nadie me enseñó pero que descubrí cuando era muy joven. La forma en que más disfruto de lo que hago es cuando, eso que hago, está destinado a ser un regalo para la gente que quiero. Mientras lo estoy realizando siento un impulso que me llena de energía para crear. Solamente con pensar en la cara de felicidad que tendrá quién lo reciba. Descubrí la música cuando era un crío, y tuve la suerte de poder encontrar amigos con los que formar un pequeño grupo que se reunía todos los sábados para improvisar. Bueno, nosotros no lo llamábamos así. Era simplemente lo único que podíamos hacer ya que no teníamos conocimientos ni siquiera para calificarlo. A medida que mi adolescencia llegaba a su fin, cada vez era más difícil de explicar para mí a los adultos el hecho de que, esa actividad, me había proporcionado más felicidad que cualquier otra que hubiera conocido. No tenía ni la menor duda de que así era cómo quería vivir. Mi gran problema, en esos momentos, consistía en que, los adultos a mi alrededor, no compartían en absoluto mis preferencias y, además, empezaban a sentirse enormemente preocupados por ellas. Después de varias batallas campales, se me ofreció un ultimatum: Si quería que mi vida continuara como había sido hasta entonces debía olvidarme de esa “afición”. No me costó mucho tiempo decidirme al respecto. Abandoné el núcleo familiar y empecé a sentir el mundo que me rodeaba en toda su crudeza. Si quería seguir disfrutando de ese privilegio debía “profesionalizarme” lo antes posible. Comencé a profesionalizarme antes incluso de darme cuenta de que lo estaba haciendo. Unos amigos me propusieron tocar en una banda que tenía una pequeña gira de verano. Tenía que tocar la batería y además aprenderme un glosario de arreglos obligados además de un montón de ritmos de los que no sabía nada ni jamás había intentado tocar. Supongo que aprendí todo eso como pude y me estrené en un escenario. Mi vida se orientó en esa dirección y, desde aquel momento en que empecé a aprender, ese empezar a aprender nunca ha terminado. Con el paso de los años me empezaron a interesar muchas otras áreas de la experiencia humana. La filosofía, la literatura, la cibernética, la mística, la física… en fin. Cuando ya había recorrido un primer trecho en el mundo profesional me empezó a interesar la idea de enseñar lo que había aprendido. Ese reto era para mí un gran estímulo, ya que todo mi esfuerzo estaba destinado a que aquellos que quisieran conocer esa felicidad que a mí me daba la música, pudieran conseguirlo. Comencé a dar clases en escuelas de música y , esa experiencia, me demostró que la lucha con el medio ni siquiera había comenzado. Ante mis ojos, aparecían personas ilusionadas que apenas tenían tiempo para estudiar. Porque su vida no se lo permitía. Y yo les ponía delante una metodología que yo mismo había desarrollado basada en la improvisación. Pero ese programa requería un esfuerzo similar al que yo había hecho. Me pasé la última parte de mi juventud estudiando cinco horas diarias descuidando en ese empeño hasta a mis amigas y amigos. Y la mayor parte de todos aquellos seres ilusionados con tocar un instrumento, se rendían finalmente cuando comprobaban que nunca en la vida iban a poder asumir ese trabajo. Luego comprobé que mis amigos músicos, aquellos con los que había comenzado a tocar, lo habían abandonado. Y los músicos profesionales que me rodeaban, lo habían convertido en una profesión. Algo que sucedía cuando había una recompensa económica y no en otro momento. Bien, ahí llegó la gran crisis. Después de todos los esfuerzos realizados, ni conseguía enseñar (solamente a muy pocos que podían seguir el programa de estudios) ni había conseguido preservar la felicidad de tocar los sábados. Algo había salido mal. Después de darle muchas vueltas, de leer todo lo que caía en mis manos aunque estuviera siquiera remotamente relacionado con lo que me estaba pasando surgió la respuesta: necesito crear grupos como aquel que conocí. Ese empeñó que surgió cuando apenas tenía 30 años sigue siendo mi mayor desafío y mi mayor fuente de satisfacciones. Con el paso de los años, y después de probar de mil formas, todo se fue volviendo más claro a mi alrededor. Descubrí que, en otras culturas, es inconcebible que las personas no disfruten de la música o de la danza creándola y me preguntaba: ¿Qué es lo que ha pasado en la nuestra? La respuesta llegó con el paso del tiempo. Vivimos bajo un paradigma absolutamente erróneo que no se ha creado buscando nuestra felicidad precisamente. Y apareció la cuántica. A partir de ahí el mundo empezó a cobrar sentido. Mi trabajo ahora consiste en permitir que las personas experimenten la creatividad cuántica en la práctica musical. Y cada día compruebo, con mayor satisfacción, que disfruto más que nunca comunicándome con aquellos que empiezan a crear música creando junto a ellos. Tocando con ellos. Soy como un abuelo pájaro que simplemente vuela junto a los que empiezan a volar. Y confío en que llegará un momento en que nuestra especie alcanzará la dicha de vivir esa experiencia entre todos nosotros. Esa será señal para mí de que hemos recuperado el paraíso. Donde el miedo no crea barreras impenetrables Donde la mente es libre de correr riesgos, Donde ni la recompensa ni el castigo Sino la curiosidad honesta motiva, Donde podemos escuchar al cosmos susurrándonos su finalidad, En esa tierra de libertad creativa Deja que mi mundo despierte. Rabindranath Tagore Dear friend: Let me call you that because, if you have come this far, it is very likely that you are interested in one of these two things: music or friendship (love). If any of them are of interest to you, we are already friends. If you are interested in the experience of creating music in addition, we are already more than mere friends. My life has been built, as long as I can remember, following a very simple principle that no one taught me but that I discovered when I was very young. The way I enjoy what I do the most is when, what I do, is meant to be a gift to the people I love. While I am doing it I feel an energetic impulse that fills me with energy to create. Just by thinking about the happy face that whoever receives it will have. I discovered music when I was a child, and I was lucky enough to be able to find friends with whom to form a small group that met every Saturday to improvise. Well, we didn’t call it that. It was simply the only thing we could do since we had no knowledge even to qualify it. As my adolescence came to an end, it became increasingly difficult for me to explain to adults the fact that, that activity, had provided me with more happiness than any other I had ever known. I had no doubt that this was how I wanted to live. My big problem, at that time, was that the adults around me did not share my preferences at all and, moreover, they were beginning to feel enormously worried about them. After several pitched battles, I was offered an ultimatum: If I wanted my life to continue as it had been until then I should forget about that “hobby”. It didn’t take me long to make up my mind about it. I left the family nucleus and began to feel the world around me in all its rawness. If I wanted to continue enjoying this privilege, I had to “professionalize” myself as soon as possible. I started to professionalize before I even realized I was doing it. Some friends proposed me to play in a band that had a small summer tour. I had to play the drums and also learn a glossary of arrangements, as well as a lot of rhythms that I knew nothing about and had never tried to play. I guess I learned all that as I could and I premiered myself on a stage. My life was oriented in that direction and, since that moment when I started learning, that beginning to learn has never ended. Over the years I became interested in many other areas of human experience. Philosophy, literature, cybernetics, mysticism, physics… in short. When I had already crossed a first stretch in the professional world, the idea of teaching what I had learned began to interest me. This challenge was a great stimulus for me, since all my effort was destined so that those who wanted to know that happiness that music gave me, could achieve it. I started teaching in music schools and, that experience, showed me that the struggle with the medium had not even begun. Before my eyes, excited people appeared who barely had time to study. Because his life didn’t allow it. And I was putting in front of them a methodology that I had developed myself based on improvisation. But that program required a similar effort to what I had done. I spent the last part of my youth studying for five hours a day, neglecting even my friends in that endeavor. And most of all those beings excited about playing an instrument, finally gave up when they realized that they would never be able to take on that job in their life. Then I found out that my musician friends, the ones I had started playing with, had abandoned him. And the professional musicians around me, they had made it a profession. Something that happened when there was an economic reward and not at another time. Well, there came the great crisis. After all the efforts made, he could neither teach (only to very few who could follow the study program) nor had he managed to preserve the happiness of playing on Saturdays. Something had gone wrong. After thinking about it a lot, reading everything that fell into my hands even if it was even remotely related to what was happening to me, the answer came up: I need to create groups like the one I met. That commitment that arose when I was barely 30 years old is still my greatest challenge and my greatest source of satisfaction. Over the years, and after trying in a thousand different ways, everything became clearer around me. I discovered that, in other cultures, it is inconceivable that people do not enjoy music or dance by creating it and I wondered: What has happened in ours? The answer came with the passage of time. We live under an absolutely erroneous paradigm that has not been created precisely looking for our happiness. And quantum appeared. From there the world began to make sense. My job now is to allow people to experience quantum creativity in the practice of music. And every day I find, with greater satisfaction, that I enjoy communicating more than ever with those who are starting to create music by creating together with them. Playing with them. I’m like a grandfather bird who just flies by those who start to fly. And I trust that there will come a time when our species will reach the joy of living that experience among all of us. That will be a sign to me that we have regained paradise. “Where fear does not create barriers impenetrable Where the mind is free to take risk, Where neither reward nor punishment But honest curiosity motivates, Where we can listen to the cosmos Whispering its purposiveness to us, Into that land of creative freedom Let my world awake”. Rabindranath Tagore

Base

Name

Pedro Lopez

Bio

En la cultura Manganiyar en Rajastán (India), el virtuosismo en la música se muestra en la confianza con la que una persona puede sostener con su acompañamiento, las ideas que sus amigos cantan y tocan.

In the Manganiyar culture in Rajasthan (India), virtuosity in music is shown in the confidence with which a person can sustain, with his accompaniment, the ideas that his friends sing and play.

En la cultura Manganiyar en Rajastán (India), el virtuosismo en la música se muestra en la confianza con la que una persona puede sostener con su acompañamiento, las ideas que sus amigos cantan y tocan.

In the Manganiyar culture in Rajasthan (India), virtuosity in music is shown in the confidence with which a person can sustain, with his accompaniment, the ideas that his friends sing and play.

Estimado amigo:

Permíteme que te llame así porque, si has llegado hasta aquí, es muy probable que te interese una de estas dos cosas: la música o la amistad (el amor).

Si cualquiera de ellas es de tu interés ya somos amigos. Si te interesa la experiencia de crear música además, somos ya más que meros amigos.

Mi vida se ha construido, desde que yo recuerde, siguiendo un principio muy sencillo que nadie me enseñó pero que descubrí cuando era muy joven. La forma en que más disfruto de lo que hago es cuando, eso que hago, está destinado a ser un regalo para la gente que quiero. Mientras lo estoy realizando siento un impulso que me llena de energía para crear. Solamente con pensar en la cara de felicidad que tendrá quién lo reciba.

Descubrí la música cuando era un crío, y tuve la suerte de poder encontrar amigos con los que formar un pequeño grupo que se reunía todos los sábados para improvisar. Bueno, nosotros no lo llamábamos así. Era simplemente lo único que podíamos hacer ya que no teníamos conocimientos ni siquiera para calificarlo.

A medida que mi adolescencia llegaba a su fin, cada vez era más difícil de explicar para mí a los adultos el hecho de que, esa actividad, me había proporcionado más felicidad que cualquier otra que hubiera conocido. No tenía ni la menor duda de que así era cómo quería vivir.

Mi gran problema, en esos momentos, consistía en que, los adultos a mi alrededor, no compartían en absoluto mis preferencias y, además, empezaban a sentirse enormemente preocupados por ellas. Después de varias batallas campales, se me ofreció un ultimatum: Si quería que mi vida continuara como había sido hasta entonces debía olvidarme de esa “afición”.

No me costó mucho tiempo decidirme al respecto. Abandoné el núcleo familiar y empecé a sentir el mundo que me rodeaba en toda su crudeza. Si quería seguir disfrutando de ese privilegio debía “profesionalizarme” lo antes posible. Comencé a profesionalizarme antes incluso de darme cuenta de que lo estaba haciendo. Unos amigos me propusieron tocar en una banda que tenía una pequeña gira de verano. Tenía que tocar la batería y además aprenderme un glosario de arreglos obligados además de un montón de ritmos de los que no sabía nada ni jamás había intentado tocar.

Supongo que aprendí todo eso como pude y me estrené en un escenario. Mi vida se orientó en esa dirección y, desde aquel momento en que empecé a aprender, ese empezar a aprender nunca ha terminado.

Con el paso de los años me empezaron a interesar muchas otras áreas de la experiencia humana. La filosofía, la literatura, la cibernética, la mística, la física… en fin. Cuando ya había recorrido un primer trecho en el mundo profesional me empezó a interesar la idea de enseñar lo que había aprendido.

Ese reto era para mí un gran estímulo, ya que todo mi esfuerzo estaba destinado a que aquellos que quisieran conocer esa felicidad que a mí me daba la música, pudieran conseguirlo.

Comencé a dar clases en escuelas de música y , esa experiencia, me demostró que la lucha con el medio ni siquiera había comenzado.

Ante mis ojos, aparecían personas ilusionadas que apenas tenían tiempo para estudiar. Porque su vida no se lo permitía. Y yo les ponía delante una metodología que yo mismo había desarrollado basada en la improvisación. Pero ese programa requería un esfuerzo similar al que yo había hecho. Me pasé la última parte de mi juventud estudiando cinco horas diarias descuidando en ese empeño hasta a mis amigas y amigos.

Y la mayor parte de todos aquellos seres ilusionados con tocar un instrumento, se rendían finalmente cuando comprobaban que nunca en la vida iban a poder asumir ese trabajo.

Luego comprobé que mis amigos músicos, aquellos con los que había comenzado a tocar, lo habían abandonado. Y los músicos profesionales que me rodeaban, lo habían convertido en una profesión. Algo que sucedía cuando había una recompensa económica y no en otro momento.

Bien, ahí llegó la gran crisis. Después de todos los esfuerzos realizados, ni conseguía enseñar (solamente a muy pocos que podían seguir el programa de estudios) ni había conseguido preservar la felicidad de tocar los sábados. Algo había salido mal.

Después de darle muchas vueltas, de leer todo lo que caía en mis manos aunque estuviera siquiera remotamente relacionado con lo que me estaba pasando surgió la respuesta: necesito crear grupos como aquel que conocí. Ese empeñó que surgió cuando apenas tenía 30 años sigue siendo mi mayor desafío y mi mayor fuente de satisfacciones.

Con el paso de los años, y después de probar de mil formas, todo se fue volviendo más claro a mi alrededor. Descubrí que, en otras culturas, es inconcebible que las personas no disfruten de la música o de la danza creándola y me preguntaba: ¿Qué es lo que ha pasado en la nuestra?

La respuesta llegó con el paso del tiempo. Vivimos bajo un paradigma absolutamente erróneo que no se ha creado buscando nuestra felicidad precisamente. Y apareció la cuántica. A partir de ahí el mundo empezó a cobrar sentido.

Mi trabajo ahora consiste en permitir que las personas experimenten la creatividad cuántica en la práctica musical. Y cada día compruebo, con mayor satisfacción, que disfruto más que nunca comunicándome con aquellos que empiezan a crear música creando junto a ellos. Tocando con ellos. Soy como un abuelo pájaro que simplemente vuela junto a los que empiezan a volar.

Y confío en que llegará un momento en que nuestra especie alcanzará la dicha de vivir esa experiencia entre todos nosotros. Esa será señal para mí de que hemos recuperado el paraíso.

Donde el miedo no crea barreras impenetrablesDonde la mente es libre de correr riesgos,Donde ni la recompensa ni el castigoSino la curiosidad honesta motiva,Donde podemos escuchar al cosmos susurrándonos su finalidad,En esa tierra de libertad creativaDeja que mi mundo despierte.Rabindranath Tagore

Dear friend:

Let me call you that because, if you have come this far, it is very likely that you are interested in one of these two things: music or friendship (love).

If any of them are of interest to you, we are already friends. If you are interested in the experience of creating music in addition, we are already more than mere friends.

My life has been built, as long as I can remember, following a very simple principle that no one taught me but that I discovered when I was very young. The way I enjoy what I do the most is when, what I do, is meant to be a gift to the people I love. While I am doing it I feel an energetic impulse that fills me with energy to create. Just by thinking about the happy face that whoever receives it will have.

I discovered music when I was a child, and I was lucky enough to be able to find friends with whom to form a small group that met every Saturday to improvise. Well, we didn’t call it that. It was simply the only thing we could do since we had no knowledge even to qualify it.

As my adolescence came to an end, it became increasingly difficult for me to explain to adults the fact that, that activity, had provided me with more happiness than any other I had ever known. I had no doubt that this was how I wanted to live.

My big problem, at that time, was that the adults around me did not share my preferences at all and, moreover, they were beginning to feel enormously worried about them. After several pitched battles, I was offered an ultimatum: If I wanted my life to continue as it had been until then I should forget about that “hobby”.

It didn’t take me long to make up my mind about it. I left the family nucleus and began to feel the world around me in all its rawness. If I wanted to continue enjoying this privilege, I had to “professionalize” myself as soon as possible. I started to professionalize before I even realized I was doing it. Some friends proposed me to play in a band that had a small summer tour. I had to play the drums and also learn a glossary of arrangements, as well as a lot of rhythms that I knew nothing about and had never tried to play.

I guess I learned all that as I could and I premiered myself on a stage. My life was oriented in that direction and, since that moment when I started learning, that beginning to learn has never ended.

Over the years I became interested in many other areas of human experience. Philosophy, literature, cybernetics, mysticism, physics… in short. When I had already crossed a first stretch in the professional world, the idea of teaching what I had learned began to interest me.

This challenge was a great stimulus for me, since all my effort was destined so that those who wanted to know that happiness that music gave me, could achieve it.I started teaching in music schools and, that experience, showed me that the struggle with the medium had not even begun.

Before my eyes, excited people appeared who barely had time to study. Because his life didn’t allow it. And I was putting in front of them a methodology that I had developed myself based on improvisation. But that program required a similar effort to what I had done. I spent the last part of my youth studying for five hours a day, neglecting even my friends in that endeavor.

And most of all those beings excited about playing an instrument, finally gave up when they realized that they would never be able to take on that job in their life.

Then I found out that my musician friends, the ones I had started playing with, had abandoned him. And the professional musicians around me, they had made it a profession. Something that happened when there was an economic reward and not at another time.

Well, there came the great crisis. After all the efforts made, he could neither teach (only to very few who could follow the study program) nor had he managed to preserve the happiness of playing on Saturdays. Something had gone wrong.

After thinking about it a lot, reading everything that fell into my hands even if it was even remotely related to what was happening to me, the answer came up: I need to create groups like the one I met. That commitment that arose when I was barely 30 years old is still my greatest challenge and my greatest source of satisfaction.

Over the years, and after trying in a thousand different ways, everything became clearer around me. I discovered that, in other cultures, it is inconceivable that people do not enjoy music or dance by creating it and I wondered: What has happened in ours?

The answer came with the passage of time. We live under an absolutely erroneous paradigm that has not been created precisely looking for our happiness. And quantum appeared. From there the world began to make sense.

My job now is to allow people to experience quantum creativity in the practice of music. And every day I find, with greater satisfaction, that I enjoy communicating more than ever with those who are starting to create music by creating together with them. Playing with them. I’m like a grandfather bird who just flies by those who start to fly.

And I trust that there will come a time when our species will reach the joy of living that experience among all of us. That will be a sign to me that we have regained paradise.

“Where fear does not create barriers impenetrableWhere the mind is free to take risk,Where neither reward nor punishmentBut honest curiosity motivates,Where we can listen to the cosmosWhispering its purposiveness to us,Into that land of creative freedomLet my world awake”.

Rabindranath Tagore

Location

Madrid, Spain

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