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“El arte es un juego entre los hombres de todas las épocas”

Marcel Duchamp

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Este programa se plantea como un proceso de sensibilización y desarrollo artístico a través de la improvisación. Se acoge a las personas que acuden en un entorno de empatía y cooperación en el que se hace posible disfrutar. Un requisito que consideramos esencial en cualquier forma de aprendizaje.

A través del trabajo en grupo y el trabajo individual, se crean y aprenden metapautas de interacción y se desarrolla una epistemología que favorece la autopoiesis creativa de cada participante en el ámbito de la práctica musical y, por extensión, en otras áreas de su experiencia.

En la música realizada para este vídeo, improvisaron músicos que llevaban apenas unos meses en el programa:

 

Esta pieza musical se generó espontáneamente a través de la interacción de los asistentes, en una experiencia de improvisación colectiva que se produce semanalmente. Hemos podido comprobar que la comparecencia cíclica en un encuentro de estas características tiene un altísimo valor pedagógico y buena parte de las funciones absolutamente imprescindibles para crear música pueden desarrollarse de esta forma. Después se incorporó video a la improvisación, hasta lograr la versión presente como un trabajo derivativo.

Hacer música

Escuchar música, tocarla y crearla involucra prácticamente el uso de todas las regiones del cerebro. La escucha musical se relaciona primero con las estructuras subcorticales del cerebro, como los núcleos cocleares, el tronco cerebral y el cerebelo. Desde ahí, actúa sobre la corteza auditiva, en ambos lados del cerebro. Cuando se escucha música, se activan los centros de memoria cerebrales, como el hipocampo y los centros del lenguaje en los lóbulos frontal y temporal.

Al tocar se involucra también al cerebelo, y el lóbulo frontal, el córtex sensorial y el córtex motor se activarán también. Esto sucede porque al tocar se requiere una coordinación y control motor, el tacto somatosensorial y la información auditiva que muchos músicos reconocen tener, les hace desarrollar una gran habilidad para utilizar ambas manos, en comparación con el resto de personas. El gran número de redes que conectan las dos áreas motoras entre ambos hemisferios forman fibras gruesas al interconectarlas, haciendo que sean de mayor tamaño en músicos que en no músicos.

Ya que el cerebro tiene la capacidad de cambiar (neuroplasticidad), la música también afecta a las capacidades de aprendizaje, incrementando el tamaño del córtex auditivo y motor.

 


(Pincha en el botón “CC” si no parecen los subtítulos)

Improvisación

En nuestra cultura, la enseñanza musical ha heredado de la música clásica y su sistema de organización jerárquica (intérpretes subordinados a un director) una metodología vertical, en la que el alumno recibe instrucciones de un profesor que le va a orientar, a lo largo de una serie de años, sobre cuáles son las tareas que ha de desarrollar en su formación. El alumno no necesita plantearse ninguna iniciativa propia, ya que este enfoque pedagógico prioriza las habilidades relacionadas con la inteligencia psicomotriz, consistentes en reforzar, mediante la repetición, ciertos ejercicios y comportamientos que se consideran técnicamente imprescindibles para un cierto tipo de realización artística.

Lo que no se tiene en cuenta es que los alumnos que asisten hoy a formarse musicalmente, si no desean dedicarse exclusivamente a la interpretación, quieren desarrollar su propia creatividad y expresarse a través de ella musicalmente, construirán una música cuyas necesidades técnicas responderán a su propio estilo de autoexpresión, algo que está fuera del alcance de nuestra visión actual y será su respuesta artística en diálogo con un futuro que tampoco conocemos.

En otras culturas, además, la música es una experiencia vital, ligada al disfrute, de transmisión horizontal, que tiene lugar en comunidad, como una forma de diversión. Allí el virtuosismo no es un fin y, de alcanzarse, se produce más allá de la corrección, del error y de la repetición compulsiva. Cada nuevo virtuoso es el creador de su propia definición de virtuosismo.

El Dr. Charles Limb, de la Johns Hopkins University de EEUU, se formuló los mismos cuestionamientos y para resolverlo, se tomó el trabajo de desarrollar un intenso estudio durante toda una década, observando la actividad cerebral de músicos de distintos estilos al improvisar.

Junto al científico e investigador Allen Braun, del NIH, Limb sometió a pruebas de resonancia magnética a numerosos músicos durante la improvisación. Con las imágenes resultantes los científicos observaron que durante la improvisación, la actividad cerebral presentaba peculiares cambios, especialmente en las regiones superiores del cerebro y en los centros de inhibición del mismo. Éstos últimos muestran una reducción significativa en sus actividades.

Estos estudios permitieron descubrir que la región de la corteza prefrontal dorsolateral del cerebro, una gran región de la parte frontal del mismo, mostró desacelerar sus actividades durante la improvisación. Esta parte del cerebro está fuertemente relacionada con las acciones planificadas y las de autocensura. Al bajar la actividad en esta parte del cerebro, la inhibición a la que nos encontramos permanentemente sometidos durante el aprendizaje convencional, responsable del miedo a equivocarse y su consiguiente paralización se disipa o se amortigua significativamente.

Por otra parte, los investigadores también registraron una mayor actividad en la corteza prefrontal medial del cerebro, que se encuentra en el centro del lóbulo frontal. Curiosamente, esta zona del cerebro siempre se ha relacionado con las actividades que se refieren a la personalidad, la subjetividad y la consciencia del ser como individuo. Esta parte del cerebro se activa generalmente cuando estamos transmitiendo nuestra individualidad, como por ejemplo cuando estamos contando una historia muy personal o una anécdota acerca de nosotros mismos. Es la parte del cerebro que trabaja cuando se trata de la autoexpresión.

Symbionts
RNE – Músicas posibles – 1-11-2018

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En una situación de normalidad (al menos aparente) como la que estábamos viviendo hace un tiempo, ya nos encontrábamos en un mundo que parecía estar cada vez más desentendido de la música y más preocupado por las cosas que nos dividen.

 

La música, sin embargo, es una pasión compartida salvo raras excepciones por la mayor parte de los pueblos.

 

Aunque la disfrutemos mucho más las personas que la realizamos, y eso lo sabe cualquiera que haya tenido la suerte de poder estar haciendo música un tiempo prolongado, puede tener efectos profundos en nuestras mentes y cuerpos y actuar como “medicina” incluso para los que sólo la escuchan, en diferentes condiciones de salud. Y es algo que sabemos sin lugar a duda hace ya bastante tiempo.

 

En el trabajo pedagógico, si podemos llamarlo así, que llevo más de treinta años realizando, me he interesado por dos aspectos principalmente de los efectos que la música y la cultura en general producen en las personas. En primer lugar, experimento cómo el participar en actividades musicales, de forma activa a través de la improvisación colectiva continuadamente, puede influir en la calidad de vida de las personas y puede afectar su salud. En segundo lugar, me he interesado por verdadera necesidad, en el efecto que la música produce en el alterado estado de conciencia de los pacientes de Alzheimer, ya que mi padre murió padeciendo esa extraña enfermedad.

 

La mayoría de nosotros nos involucramos con la música en nuestra vida cotidiana, por puro placer. Pero los científicos ahora han demostrado hace tiempo que escuchar música tiene beneficios psicológicos específicos, beneficios biológicos y beneficios fisiológicos.
Esto es algo que podemos atestiguar todas las personas que estamos involucradas en la realización práctica de una actividad musical

 

Pero la música no es solo ‘una píldora’ que los médicos pueden recetar como antibióticos y no hay un tipo de música ‘más efectiva’.

 

Aunque vemos muchos patrones generales de respuesta a la música en datos psicológicos, neurológicos, biológicos y fisiológicos, también vemos variaciones individuales. Por ejemplo, la investigación en neurociencia ha demostrado cómo el significado personal de la música y los recuerdos que evoca son componentes vitales de nuestra respuesta emocional.

 

La musicoterapia práctica que yo estuve practicando con mi padre, consistía precisamente en proporcionarle una evidente situación de confort al reconectarle con su memoria emocional a través de la escucha de aquellos repertorios que yo sabía que le habían gustado más a lo largo de su vida. Después de una primera fase de la enfermedad llena de episodios violentos producidos por el terror de presenciar en primera persona como se destruía su memoria, reconoció la música emocionalmente como un antídoto a ese deterioro, lo que le tranquilizó y le proporcionó una ayuda inestimable (para él y para nosotros) para afrontar la enfermedad.

 

Estamos viviendo un momento muy angustiante y desafiante, en el que las personas tienen que lidiar con las preocupaciones sobre su familia, los amigos, el trabajo y las finanzas, y un número cada vez mayor de personas que tienen que entrar en confinamiento absoluto. Y parece que se trata de una situación inevitable porque resulta vital ese aislamiento, para garantizar su salud.

 

Esta situación no tiene precedentes y, como algunos medios han indicado, es imposible determinar las consecuencias que el coctel de aislamiento e incertidumbre pueden producir a largo plazo en la población pero, resulta fácil de comprobar, que la tendencia general es la de sumirse en un estado depresivo, de aislamiento e incomunicación que puede precipitar el deterioro de la salud de forma casi más alarmante de lo que el propio virus puede desencadenar. Se calcula que un porcentaje de 1 de cada 5 supervivientes al confinamiento va a presentar un cuadro de depresión severa.

 

Las personas que nos dedicamos activamente a la música, no contamos con un remedio efectivo contra la infección. Pero tenemos un arma muy eficaz contra estos síntomas. Los músicos tenemos la responsabilidad de ayudar, en la medida de lo posible, a paliar esta situación.

 

Symbionts, se planteó desde el principio de la epidemia el refuerzo de uno de sus proyectos de investigación en el ámbito de la actividad musical que ha ofrecido mejores resultados entre sus participantes. Témenos es un proyecto que se realiza de forma presencial. Y se combina esa comparecencia cíclica, con un registro de la misma en un archivo web que constituye la memoria auditiva de cada uno de los proyectos grupales que lo forman.

 

Las personas que han estado participando en ese proyecto en su versión presencial, declaran sin dudas los beneficios obtenidos en su calidad de vida prácticamente desde el primer momento.

 

En la actualidad, Symbionts ha implementado, dentro de su plataforma online, la red Busilis, la versión online de Témenos. Esta versión tiene la capacidad de proporcionar una experiencia musical activa y un desarrollo artístico siendo respetuoso con la necesidad de confinamiento planteada por la epidemia.

 

Personalmente, como responsable del proyecto, me veo en la obligación de llamar la atención de los músicos en activo sobre la necesidad de salvaguardar su salud emocional para poder ayudar a las personas que se encuentran en un estado más crítico a superar esta situación sin mayores daños en su estado de salud que los que proporcione este extraño agente.

 

La red Busilis, complementa este espacio dedicado a la creación artística con un foro de debate en el que los participantes intercambian impresiones sobre los acontecimientos que todos estamos viviendo. Es una forma de quebrar el aislamiento  que todos necesitamos en estas circunstancias. En definitiva, se trata de un espacio abierto a la comunicación y a la creatividad en tiempos en que ambos privilegios están suspendidos.

 

Ninguno de estos servicios tiene ningún coste ni supone ningún tipo de carga para cualquiera de los participantes, y no tiene mayores beneficiarios que las personas que participan en ellos, por lo que os animamos a hacerlo con el fin de conseguir fortalecer la inciativa.

 

Aquellos de vosotros que se sientan con fuerzas, serán de gran ayuda para todos nosotros.
Muchas gracias por la atención.

 

Pedro López
Symbionts manager
https://symbionts.es